“¡Roberto, regresa, hoy no podemos salir! ¡El aire está muy contaminado y no podemos respirar! ¡Ándale ya, que no debes estar respirando afuera!”

Las cosas que uno escucha cuando se vive junto a una guardería… Me pregunto si Roberto, de tres años, necesita toda la explicación o solamente entender que debe regresar al interior de la escuela.

Es verdad; en el Valle de México y ciudades circunvecinas, incluyendo Puebla y Cuernavaca, experimentamos recientemente la peor calidad del aire en muchos años. Tanto así, que se tuvieron que tomar medidas extremas de contingencia ambiental, y las clases en todos los niveles fueron suspendidas por tres días.

Y volvemos a nuestra prioridad principal: nuestros niños.

¿Cómo manejar esta situación frente a ellos?

Siguiendo el Cuarto Pilar de nuestro Plan de Simplificación, nos corresponde: “Filtrar la información del mundo de los adultos.”

En un mundo en el que la contingencia ambiental está literalmente, en nuestras narices, cómo manejo este principio? ¿Cómo lo voy a ocultar? ¿No deberían los niños saber lo que pasa para poder protegerse mejor?

1. Serénate

Recuerda que los niños primero imitan y luego modelan nuestro comportamiento y emociones. Ellos absorben nuestro estado.

2. Actúa acorde a la edad

Cuida tus palabras; recuerda no decir en voz alta tooodos tus pensamientos!
Considera ante todo su nivel de conciencia, su capacidad para entender conceptos abstractos (¿nanopartículas?), su capacidad de filtrar los datos y para regular sus sentimientos.

Por supuesto, todo depende de la edad:

  • Bebé de 0 a 24 meses. Obviamente, no le explicas las razones de la contingencia. Sencillamente no lo sacas a pasear como acostumbras.
  • 2 a 4 años. Debería ser igual de obvio que antes, pero pensamos que como ya hablan y se comunican, también tienen otras capacidades más avanzadas. De verdad, no se van a acordar de las explicaciones dentro de un año, pues su mente no está en modo intelectual-analítico, pero sí podemos generar un sentimiento no consciente de “Estoy ante un peligro inminente sobre el cual ni los adultos me pueden proteger.” No des explicaciones ni advertencias explícitas. Solo en caso de que pregunten, a los mayores les puedes decir algo cierto pero no amenazador: “Hoy hay un poco de humo”
  • 5 a 7 años. Puedes hacer comentarios como: “Hoy el aire no se ve tan limpio como siempre. Vamos a dejar la ventana cerrada. Ven, vamos a preparar una limonada.”Estamos reconociendo que hay algo diferente, y ofrecemos una alternativa. No infundimos temor, pero sí precaución. Si preguntan más, les contestas con la verdad, como: “Sí, el aire está hoy muy lleno de humo y es mejor quedarnos adentro”. Pero de preferencia no lo hagas con juicios de valor, y cargados de emocionalidad, como: “Sí! Esto está horrible! Mira qué feo… se vayan a morir las plantitas y los pajaritos”. Eso sí asusta.
  • 7 a 10 años. Este es un rango de edades demasiado amplio, así que aquí es donde necesitamos aplicar nuestro discernimiento. Considera avanzar con cuidado sobre una escalera más o menos así (sólo son ejemplos):
    • Hoy hay mucho smog; huele raro el ambiente; vamos a cerrar esta ventana (7 a 8 años).
    • No ha llovido, y el aire tiene mucho humo; es mejor no salir a jugar (9 años).
    • Han habido varios incendios alrededor de la ciudad, hay más humo que de costumbre (hablar de las razones de los incendios) (10 a 11 años).

    Nótese que el tono es neutral, no alarmista, preocupado, etc.

  • 11 a 12 en adelante. Ya es la edad perfecta para sacar explicaciones científicas sobre las partículas PM2.5, los alvéolos, lo que sucede al hacer ejercicio, o lo que tú quieras explicar. Mide tu respuesta, fíjate qué tanto le interesa recibir. A esta edad los chicos están ávidos por entender el fondo de las cosas, su mente ya está anatómicamente preparada para el pensamiento causa-efecto. Es el momento para aprovechar y hablar a fondo sobre la atmósfera, las corrientes de los vientos, las temporadas de lluvias, los incendios intencionales, de todo lo que quieras. Eso sí, ojalá pueda ser en términos no tan negativos, sino siempre con un matiz de esperanza o soluciones posibles. Que no se queden nunca en un estado de desesperanza.
No se trata de ocultarles las cosas, ni de obstaculizar su entendimiento del mundo. Se trata de no alarmarlos sin necesidad. Si con eso pudiéramos ayudar en algo… pero es al contrario. Si nos ponemos a pensar, el excesivo ruido de las noticias nos afecta a todos, incluso a los adultos. Frecuentemente nos sentimos preocupados por situaciones mundiales que está lejos de nuestro alcance modificar.

Si las noticias nos dejan preocupados y estresados a nosotros, imagínate a los niños! Por eso, los protegemos y no los alarmamos. Por el bien de su desarrollo, y dentro de todo lo posible, ellos tienen el derecho de crecer con la confianza de que todo está bien en su mundo.

Los niveles de estrés difíciles de manejar generan Fiebre del Alma, y pueden llegar a convertirse en trastornos emocionales y hasta físicos, tales como problemas nerviosos, digestivos, insomnio, etc.

Ojalá que este ejemplo muy práctico te sirva de modelo para otros casos.
Si tienes algún comentario o pregunta sobre este tema, escríbelo abajo.

Demos la bienvenida a las lluvias… con mayor gratitud que nunca!