Ayer de pronto, dejó de funcionar mi teléfono. ¡Nunca pensé que estaría tan perdida sin él! Estuve sin él por varias horas. Sí, una parte importante de mi trabajo se vio obstaculizado por esto… pero dado que no tenía otra opción, decidí aprovechar para volver a probar qué se siente NO tener la pantalla por varias horas. Y la verdad, hice TANTAS cosas de provecho… sobre todo, pude volver a percibir, volver a estar.

La tecnología está por todas partes. Y sí, es maravillosa para tantas cosas: nos ha mantenido comunicados, nos ayuda a aprender, nos muestra el mundo. Pero también sutilmente nuestra mente se va acostumbrando a que “tengo que revisar” qué hay de nuevo, quién me escribió, qué nuevos memes han puesto en el chat de la escuela… y en ese momento se convierte en una obligación, en un pendiente, en un lastre. ¡Y eso que yo no tengo videojuegos!

¿Sabes qué es lo peor?

Que no nos damos cuenta de cuánto nos ha atrapado.
El contenido está diseñado con toda intencionalidad para lograr eso.
El contenido está dirigido de manera totalmente maquiavélica a manipular tu opinión, tus decisiones de compra, tu tendencia política, tu visión del mundo. Pero ya hablaremos de eso después.

Para los niños no es diferente.

Después de la pandemia, el uso de pantallas entre los niños ha aumentado en un 17%. Se ha determinado que entre los adolescentes en Estados Unidos, están viendo un promedio de 8 horas y 39 minutos de pantallas ¡al día! ¿A qué hora viven?

La adicción a las pantallas y sobre todo a los videojuegos los hace capaces de lo que sea, con tal de jugar. Leí sobre casos de chicos que se despiertan a jugar a las 2 de la mañana, para que sus papás ¡no los vean jugando!

Los chicos que juegan videojuegos, por poco o mucho que sea, son manipulados por los medios. Cambia su personalidad, moldean sus gustos, y además acaban en un estado de ánimo muy diferente: se vuelven un tanto irritables, molestos, se sienten incómodos en el mundo. Claro, estaban habitando un mundo sin gravedad, sin materialidad, ¡y regresar cuesta! Es justo lo contrario de lo que queremos para ellos: queremos que se sientan bien en la tierra, que pongan los pies con firmeza sobre el suelo para que avancen con determinación. Que descubran quién son. Ciertamente, las pantallas nos alejan de lo concreto…y nos desconectan. Nos desconectan de la tierra, de la familia, y de nosotros mismos.

¿Qué hacer?

Bueno, primero que nada, aclaremos que no somos “anti-pantallas”.
Pero todo tiene su lugar y su momento.
¿Es su momento a los 6 años de edad?
Ciertamente que no.
Ni siquiera a los 8.

No te dejes convencer por “evidencia” de tus amistades o de los mismos medios; la realidad es que los cerebros jóvenes de los niños se atrofian poco a poco con ese tipo de actividad limitada sensorialmente, a esa edad.
Con los pre-adolescentes, después de los 12 años, es otra historia. Pero aún ahí, debes tener precauciones, limitar el tiempo y el tipo de medios, y platicar mucho con tu hija o hijo.

En un mundo inundado de pantallas, seamos realistas, y veamos qué podemos hacer.

Si estás buscando limitar el uso de pantallas y proteger la mente de tus hijos, aquí te sugiero algunas ideas:

  • Fuera de la vista, fuera de la mente. Como quien dice, de la vista nace el amor, o bien, ojos que no ven, corazón que no siente. Busca maneras de que esa pantalla, ese XBox, ese aditamento esté lejos de la vista, fuera del alcance, que cueste mucho trabajo, que dé flojera instalarlo. Dentro del armario, en la repisa de hasta arriba, dentro de una caja debajo de todas las cobijas… bueno, esto te hará pensar dos veces si de verdad lo quieres sacar. Si está a un click y dentro del cuarto de tu hijo, tienes la batalla perdida.
  • Cero pantallas en ciertos lugares o ciertos momentos en la casa: por ejemplo, a la hora de comer en la mesa, a la hora de acostarse y levantarse… o bien ¡en el baño!
  • No sólo limites las pantallas, sino que ofrece alternativas: salir de casa a hacer cosas juntos, ir a la naturaleza, un taller de tallado de madera, de música, de cerámica… arte, aventura, experiencias… ¡No te detengas! Hazlo increíble, divertido, único. No diario, claro. Y trata de buscar “la veta”, como dice el Dr. Kim John Payne, de cada uno. Recuerda que sí, te va a tomar tiempo… pero es la mejor inversión que puedes hacer; va directo a la salud y el futuro desarrollo de tu hijo y a tu relación ¡con ellos!
  • Si ha de haber pantallas, selecciona qué será. Si tienes todavía la opción, hazle un regalo de vida a tus hijos y lo último que elijas que sean los videojuegos, ya sea en computadora, en el celular o en equipo especial. Hoy en día hay otras opciones para aprender a utilizar las pantallas para hacer algo PRODUCTIVO, no ser sólo consumidores pasivos. Se puede aprender idiomas de manera interactiva, desarrollar habilidades de diseño gráfico y hasta de interiorismo, aprender a cocinar, etc. Estuve encontrando opciones de juegos de cocinar que están ligados a juegos de hortaliza, donde puedes sembrar y cultivar los alimentos que luego utilizarás en el juego de cocina… ¡Qué imaginación! Jaja
  • Sobre todo, sé un modelo para tus hijos. Utiliza tus pantallas sabiamente; muéstrale en qué estás trabajando, y no solamente pasando el tiempo.[1]

Al estar un rato irremediablemente desconectada, me sentí aliviada. Pude dimensionar el valor de limitar mi uso de pantallas; no necesito estar disponible 24/7, sino identificar mis horas de trabajo y respetar mis horas de descanso y trabajo de otro tipo… y disfrutarlo, sin culpa.

Las pantallas no nos rigen, ni nos dividen.
Protejamos la mente de nuestros hijos.
Y volvamos a experimentar la conexión

[1] Por “la veta”, el Dr. Kim John Payne se refiere al tipo de personalidad que tengan tus hijos, sus gustos e inclinaciones. Esto se explica muy bien en los talleres de El Alma de la Disciplina.