Cuando pensamos en lo que significa un año, nos parece mucho cuando hay que esperar. Cuando somos niños, la diferencia entre tener 5 y cumplir 6 nos parece eterna… cuando somos adultos, ya no parece tan diferente tener 35 o 36.

Pero para los niños, mientras más pequeños, sí lo es.
Un año de desarrollo es un mundo de diferencia.

Parece ser que tenemos mucha prisa por que los niños vayan a la escuela: que aprendan todo, y más, ya. Mientras más pronto, mejor. Este es uno de los signos de nuestro tiempo. Los padres no se percatan de la enorme diferencia que existe entre un niño de 6 y uno de 7, porque el desarrollo del cerebro no es tan perceptible como el desarrollo físico y motriz del cuerpo entero. Tampoco notan los padres las diferentes aptitudes para sentarse, concentrarse y absorber de los niños a diferentes edades.
Nuestros tiempos han cambiado; los smartphones están aquí, y se dice que los niños ya vienen con un “chip” integrado. Pero la verdad es que el ritmo del desarrollo no cambia. Es el mismo que hace 100 años, cuando Rudolf Steiner habló por primera vez del desarrollo del niño dividido en periodos de 7 años.
Hoy en día los niños empiezan a ir a la escuela mucho antes. Yo recuerdo haber entrado a primaria cumpliendo 7 años en esa misma semana. Hoy en día los padres buscan maneras de saltarse reglas para que su hijo entre de 5 años y cumpliendo 6 ya en primer grado.
Pero si no podemos convencerlos solo por compartir hechos, a los números me remito.

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) reportan que aproximadamente 11% de los niños entre 4 y 17 años han sido diagnosticados con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y que ese número aumentó 42% de 2004 a 2012. Lo más triste es que una tercera parte de estos diagnósticos ocurren en niños menores de 6 años.

Los estudios de la Escuela de Medicina de Harvard muestran que los niños menores en los grupos escolares tienen 30% más probabilidades de ser diagnosticados con TDAH, tener problemas de aprendizaje y de relación con sus compañeros, y con gran frecuencia se les administran medicamentos psicotrópicos.

El jefe de la investigación en Harvard, Timothy Layton, concluye: ”Nuestros descubrimientos sugieren la posibilidad de que grandes cantidades de niños están siendo sobre diagnosticados y tratados para TDAH porque resultan ser relativamente inmaduros comparados con sus compañeros mayores en los primeros años de escuela primaria”.

Los padres necesitan darse cuenta de cómo estas imposiciones afectan a sus hijos para toda la vida y no permitir que la presión social de esta alarmante tendencia los lleve a inscribir a sus hijos en la escuela demasiado temprano.
La escuela, algo que deberían disfrutar todos los niños, les puede causar daño si la apresuramos: ansiedad, confusión, baja autoestima, nunca querer volver a ver los números o las letras otra vez.

La reflexión es: qué reciben cuando sus alas no están listas para volar? Qué problema hay con esperar 12 meses más? El costo, en cambio, puede ser irreparable.