La semana pasada cerca de mi casa, había una cantidad de tráfico inusitado. Al acercarnos más, me di cuenta que en las aceras del mercado habían instalado ya sus puestos todos los vendedores de Navidad: los vendedores de luces, de adornos, de árboles. No tengo nada en contra de todo esto, créanme… pero es que estábamos a mediados de noviembre, y todo se veía como si ya estuviéramos en la semana de Navidad!
En inglés existe un término que se llama “anticipación”.
Se refiere a la emoción, a esperar con ansia algo que sabes que va a suceder; implica todo un preparativo; un planear y pensar diario y la expectativa de lo que vas a hacer llegada la ocasión. En efecto, la etapa de anticipación es lo que le da al evento su brillo especial.
¿Te imaginas que un día te despiertas y así, directamente, es tu cumpleaños?
Te sentirías como que algo faltó, como si fuera una celebración “coja”. Las cosas que obtenemos fácilmente carecen de la intensidad del deseo y por lo mismo, van perdiendo su importancia. Todo lo que anhelamos, adquiere un mayor valor.

Muchos de nuestros niños hoy en día no tienen más que pedir algo para que éste aparezca frente a ellos. En muchos casos, las cosas aparecen incluso antes de que se les ocurra que las desean! Esta tendencia a mantenerlos satisfechos, a darles “todo” y dárselos “ya”, no permite que haya ese pequeño llamado del alma, esa hambre y deseo que puede movernos fuera de nuestra zona de confort cuando adultos, para lograr las metas extraordinarias que toman su tiempo.

La anticipación nos enseña que hay que esperar la cosecha y es un antídoto que contrarresta la gratificación instantánea.

Una gran manera en que generamos anticipación es preparar y soñar con el gran día.
La alegría de la espera, la emoción de contar los días, se ve alimentada por los preparativos físicos, por el hacer (voluntad) juntos.
El cumpleaños de tu hijo es un excelente ejemplo de un día en que hacemos preparativos previos y generamos una gran anticipación y emoción. Cómo vamos a festejar, a dónde vamos a ir, a quién vamos a invitar. Involúcralo en lo más que se pueda, desde la planeación del menú hasta reunir todo lo necesario. Lo va a gozar mucho más que darle todo ya hecho.

Otra de las mejores oportunidades del año para practicar la anticipación a nivel familiar, es esta época de celebraciones, como la Navidad o como Hanukkah.

Para la celebración de Hanukkah, vemos el ejemplo claro de una marca del rítmico paso del tiempo, al ir encendiendo cada día una de las 8 velas de la menorah. Se prepara comida especial, se juegan juegos especiales, y todo esto marca la temporada como algo especial.

En cuanto a la Navidad, también hay maneras de prepararla, de anticiparla. No se trata de fomentar el consumismo, sino de despertar la conciencia de que se acerca un gran evento. Los niños, en especial los más pequeños, no tienen conciencia del tiempo. Para ellos, el que vayamos “vistiendo” la ocasión, es de gran ayuda.
Y justamente en preparación para la Navidad, existen tradiciones como el Adviento. Adviento es la época marcada por los cuatro domingos anteriores al día de Navidad.
Este año, el primer domingo de Adviento es el día primero de diciembre! Así que, manos a la obra.
¿Qué podemos hacer?
Todo aquello que marque el paso rítmico del tiempo o bien, cosas que se preparan para el día especial.
Ejemplos:

  • Colocar una corona de Adviento en casa.- La forma más sencilla consiste en formar una corona de ramas de pino con cuatro velas alrededor. Cada domingo se prende una vela y se puede hacer algo especial, como leer un verso, contar un cuento, o cantar una canción. El primer domingo será una, el segundo serán la primera y una nueva, y así sucesivamente hasta llegar al cuarto domingo.
  • El Calendario de Adviento.- Se acostumbra en Europa y Estados Unidos regalar a los niños un “calendario” que consiste en 24 puertitas en un cuadro que se van abriendo una a una, cada día, y dentro viene un dibujo especial, una instrucción, y en algunos casos un dulce (saludable, por favor!). Se puede ir abriendo la puertita de cada día con los niños por la mañana y esto crea gran expectación y anticipación.
  • Hornear o preparar regalos hechos en casa.- Esto puede ser desde hacer fruit cake, hasta hornear y decorar galletas de Navidad; o bien, hacer adornos en fieltro para el propio árbol o para regalitos.
  • Limpiar y “escombrar” su cuarto.- Es un gran momento para deshacerse de juguetes y ropa que ya no les queda, haciendo espacio para lo nuevo.
Todo este tipo de actividades pueden convertirse no solo en una razón para la anticipación del momento, sino en toda una tradición familiar que dará a los niños un ancla en su vida.

Lo importante es elegir lo que te acomode y sobre todo, no sobrecargarte.

Dale prioridad sólo a lo importante.

¡No les des toda la Navidad desde noviembre!