La semana pasada platicamos de un tema que me parece fundamental: cómo las imágenes de las pantallas bloquean, obstaculizan, inhiben, distorsionan el importante proceso de entrenar a la mente a formar imágenes por sí misma.

Creo que la frase lo dice sola: La mente humana DEBE APRENDER a formar sus propias imágenes. Esa es una capacidad que sencillamente no se puede aprender en un curso, que no es “enseñable”, sino que es de las cosas que surgen desde el interior de un niño… si se le permite. Y por supuesto, al nacer tenemos todas las vías disponibles, todas las posibilidades abiertas… Pero hay una ley en la neurociencia: Lo que no se usa, se pierde. Los senderos neuronales que no se ejercitan, no se mielinizan, y se pierden.

Dale a un niño pequeño una calculadora toda su infancia… no esperes que a los 15 años sepa sumar o restar mentalmente. ¡Es verdad! ¿No lo han visto? ¡Vas a pagar o a comprar a una tienda donde te atiende un joven, casi siempre (con sus honrosas excepciones) tienen que ver la máquina para saber darte cambio!  En cambio, vas al mercado, con el marchante de la fruta, y te entregan una lista de 15 cosas y la suma hecha para arriba y para abajo en 1 minuto (sobre una maderita de huacal).

Bueno… Eso mismo sucede en otros ámbitos: en la formación de imágenes y en la adquisición del habla, el cerebro se atrofia y no desarrolla su potencial.

La semana pasada hablamos acerca de la formación de imágenes porque apareció un artículo(1) en donde se demuestra científicamente que, en efecto, el uso de las pantallas reduce la capacidad de formar imágenes mentales, y con esto, la habilidad de ver una escena al leer un libro, de imaginar nuevos diseños, nuevas soluciones a problemas, de “ver aquello que aún no existe”… Esa es una de las capacidades que nos hacen HUMANOS:  que somos creadores.

Pero sin esta capacidad creativa, nos convertimos en títeres.
Piénsalo…
Al decir:  Entonces, ¿no podemos usar pantallas?
Esa es la pregunta incorrecta
La pregunta correcta es ¿Cómo sí?

¿Cuál es el uso adecuado de las pantallas? y ¿Qué hacer si ya las hemos usado tanto?

El uso adecuado de las pantallas, hoy más que nunca, es para comunicarnos.
Puede ser para tener clases, o para “visitar” a los abuelos…
Pero lo que debemos tener en cuenta son tres cosas:
  1. La edad
  2. El contenido (calidad)
  3. El tiempo (cantidad)

Empecemos por la edad:

Recordemos que el cerebro se desarrolla lentamente. Sí, parece muy hecho y muy listo cuando un niño ya sabe hablar y creemos que por eso ya piensa como un adulto. Pero no es así. Muchas áreas del cerebro no maduran hasta entrada la pubertad.

Las áreas de la imaginación están en pleno desarrollo durante los primeros CATORCE años, y mientras más pequeños los niños, obviamente, más vulnerables son, pues más abiertos y frescos están.
¿Significa esto que NO van a ver NUNCA nada?
Bueno, pues ese sería el ideal, pero digamos que, para ser realistas, diremos que esa sea nuestra dirección, nuestra intención.

Y pasemos al contenido:

Si van a ver imágenes… ¿qué clase de imágenes les estamos prodigando?

¡Ojo con eso!

Mi hijo una vez empezó con muchas pesadillas y miedos nocturnos.

Después de un par de días, empecé a atar cabos… le pregunté qué había pasado en casa de un amigo, donde fue de visita a jugar después de la escuela (estaban en kinder).
Me contó que vieron una película de Batman… Claro, él no llegó a contarme nada, porque estaba tan impresionado que no le era posible ni hablar de ello.
El efecto le duró SEMANAS.
Mi hijo no veía esas cosas, y, además, en lo personal, él era especialmente sensible.
Eso es en cuanto a la violencia.
Pero incluso las imágenes aparentemente inofensivas, esas imágenes caricaturizadas o las imágenes digitales de hoy en día, dan una imagen tan artificial y tan fea del ser humano… Y recordemos que los niños pequeños embeben por sus sentidos todas las impresiones que reciben sin filtros, y luego IMITAN, se apropian de lo que ven.
No te extrañe que cuando sean mayores hablen y se comporten de manera afectada. ¡No puedes llegar a verlo como es, porque habrá adquirido gestos y maneras aprendidas de extraños!
Pero hoy hablaremos de cómo remediar la cuestión de la formación de imágenes mentales.
Aquí algunas ideas:

1. LIMITAR la exposición a las imágenes de las pantallas. – ser razonables, pero pensar que si ya ha sido suficiente el tiempo que están sin moverse ante una pantalla, después de lo que tienen que hacer por la escuela.

2. VIGILAR EL CONTENIDO: preguntarte: ¿¿¿es ABSOLUTAMENTE imposible que no vea esto???  Sustituye, limita, ofrece opciones. No digas simplemente “no”.

3. Checa la edad, para que te sirva como una pauta. Entre cero y tres años, la regla es sencilla:  cero pantallas. Después de los tres, limítalas muchísimo, a lo indispensable. Ya en edad escolar, pues dependerá de la escuela y su uso “académico”.

SI YA ESTÁN en las pantallas…

1. Hacer una especie de detox, algo para equilibrar el tiempo en la pantalla con:

– ¡Movimiento!

– Trabajo artístico de todo tipo:  pintar, dibujar, modelar, hacer música (muy importante siempre, pero sobre todo en el segundo septenio)

– Tiempo en la naturaleza:  pasear, jardinear, regar las plantas

– Compartir tareas de orden y limpieza en la casa,

– Tiempo libre:   leer libros o escribir por gusto; tener un pasatiempo

2. Para estimular la formación de imágenes: LOS CUENTOS Y NARRACIONES de todo tipo.

Pueden ser contadas por nosotros; puede ser que los mayores lean un libro (las series de Harry Potter).

Las historias, los cuentos, los poemas… nos transportan a un mundo que podemos ver con nuestro ojo interior. Para los niños esto puede ser difícil o fácil.

Para ello contamos con diferentes técnicas.

Lo importante es contar cuentos.
El poder de los cuentos es tal, que se usan cuentos pedagógicos, cuentos terapéuticos, cuentos de sanación, cuentos de protección…
Las historias, leyendas, biografías… nos imprimen nuevos valores, nos dan lecciones de vida, si los sabemos elegir. A los niños en especial, estas enseñanzas les llega hasta el fondo del alma, formando el carácter. Yo recuerdo haber tenido unos libritos sobre vidas de santas “Historias de santas para jovencitas”, ¡y me impresionaron muchísimo! Hay una edad en la que estas historias le dan al clavo a lo que el alma está pidiendo como directriz… no importa la religión.
Todo esto propicia el entrenamiento fundamental para formar imágenes mentales.
No sólo eso: al contar o leer, estamos también actuando de manera decisiva sobre la importante formación del lenguaje; utiliza para ello lenguaje hermoso, culto, las palabras doradas que forman las rimas, canciones, ritmos, poemas.
Esto es importantísimo para que los niños no solo practiquen su dicción, sino que además amplíen su vocabulario.
He aquí un ejemplo de un verso para niños pequeños que hacemos en muchas escuelas Waldorf (adaptado para este blog):

Gracias a la tierra

Que sus frutos nos da

Al sol, que los hace brotar

Al agua que los nutre

Al viento que, sutil,

Atrapa la semilla

Que pronto crecerá

Un ejemplo de un verso lleno de imágenes coloridas y lenguaje elevado, para los chicos mayores:

Rin Rin Renacuajo

Poema de Rafael Pombo

El hijo de rana, Rin-rin Renacuajo

salió esta mañana muy tieso y muy majo.

Con pantalón corto y corbata a la moda

sombrero encintado y chupa de boda.

 

“Muchacho, ¡no salgas!”, le grita mamá,

pero él hace un gesto y orondo se va.

 

Halló en el camino un ratón vecino

y le dijo: “Amigo, venga usted conmigo;

visitemos juntos a Doña Ratona:

habrá francachela y habrá comilona.”

 

A poco llegaron, y avanza Ratón

estírase el cuello y coge el aldabón

da uno, dos, tres golpes

y preguntan “¿Quién es?”

“Yo Doña Ratona, beso a usted los pies.

¿Está usted en casa?”  “Si señor, si estoy

y celebro mucho ver a ustedes hoy.

Estaba en mi oficio hilando algodón

pero eso no importa, bienvenidos son.”

 

Se dieron la venia, se dieron la mano

y dice Ratico que es más veterano

“Mi amigo el de verde rabia del calor;

démele cerveza, hágame el favor.”

(continúa)

El arte de contar cuentos… hay tanto qué decir al respecto.

En fin, acá les dejo un link para que sigan leyendo sobre cuentos, en este caso, un cuento de protección que les compartí hace unos meses…  La importancia de los cuentos de protección.

Dice Nancy Mellon, Master Narradora de cuentos:

“Es una bendición contar con una sabia y dedicada narrador o narradora de cuentos en la familia, y nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para aprender.”

No dejes de contar cuentos… cuento contigo.