Mientras escribo esto, estoy escuchando lo que acontece en la casa de junto. Hay música. Está a un volumen altísimo de fiesta, como para que se escuche en toda la cuadra. El repertorio incluye rock, pop, reggaeton, y por supuesto no faltó “Despacito”. Llevan ya más de 30 minutos bailando, cantando, gritando y aplaudiendo. No tendría yo muchas objeciones si hoy no fuera lunes, las 11:00 de la mañana y si esa casa no fuera una guardería para niños de entre 3 y 6 años.
Acaban de terminar y oigo las voces de los niños. Algunos hablan a gritos; otros lloran, corren, pelean. Las maestras están luchando para controlarlos; han quedado sobre-excitados y exhaustos a la vez. No quiero saber cómo van a dormir esta noche…
A veces pensamos que los niños son adultos chiquitos, o sea, que lo que nos divierte a nosotros les divierte a ellos también. Que quieren lo mismo que nosotros. Que les podemos explicar lo mismo que a un adulto. Que les podemos cuestionar y pedir opiniones igual que a un adolescente o a un adulto. Seguramente hay una buena intención detrás de esto. Sin embargo, exponerlos a este caudal de impresiones sensoriales sin escapatoria del mundo moderno les afecta de maneras mucho más profundas que a cualquier adulto.
¿Por qué?

¿Cómo son diferentes o especiales los niños?

Cuando nace un ser humano, a diferencia de otros mamíferos, no se ha desarrollado lo suficiente para ser relativamente independiente. Como todos sabemos, un bebé no puede hablar, ni caminar, ni comer por sí solo. Esto se desarrolla de manera asombrosa durante los primeros tres años. Pero aún habiendo conquistado grandes hitos del desarrollo, un niño pequeño está muy lejos de ser como un adulto.
El proceso de “incubación” de un ser humano lleva AÑOS… no es solo una madurez física, sino también mental y espiritual. Aunque los vemos independientes y activos desde temprana edad, el trabajo fino no se nota, porque sucede dentro, y aunque esté lejos del alcance de nuestra vista… sí que podemos afectarlo.
Dado que ellos no tienen ningún control sobre su ambiente, esas decisiones caen directamente sobre nosotros, sus padres y maestros.
Y eso es lo que hacemos todo el tiempo, después de todo: tomar decisiones.
¿En qué basas tus decisiones cotidianas como padre?

He ahí nuestra labor fundamental: proteger y nutrir.

¡Cada decisión cuenta!

Podemos resumir nuestro trabajo como padres en los siguientes puntos:

1. Proteger sus sentidos

Mientras más pequeños, más crítico es esto. Sin embargo, la sobre-saturación de impresiones nos afecta a todos: demasiada luz, demasiado sabor, demasiado ruido, demasiado tiempo, demasiado tarde por la noche…

Vivimos en una época de excesos; cuidemos los sentidos de los niños para no sobrecargarlos, cuidando la calidad y la cantidad de esos estímulos.

2. Nutrición adecuada

Todo un tema. En mi blog ¿Qué es la comida procesada? describo a detalle los efectos del azúcar, y en éste ¿Qué tan malos pueden ser los saborizantes y colorantes alimenticios? hablo de los colorantes, saborizantes y otros aditivos de la comida procesada.

Los niños necesitan llenarse de nutrientes y no de toxinas.

Evita el azúcar refinada, los refrescos, los dulces y, lo más que puedas, los alimentos procesados (todo lo que viene en paquete o en lata). Opta por una amplia variedad de frutas y verduras, comida y postres hechos en casa, para que tus hijos desarrollen un gusto y sentido por lo saludable.

3. Ritmo

Quién iba a decirlo… nada mejor para el bienestar y para el humor, que tener horarios para comer, jugar, dormir y despertar. No tiene que ser a cualquier hora, sino que mientras más repetitivo sea, mejor. Esto le da una estructura sana a tu día y los niños florecen en un ambiente predecible!

4. Libertad de movimiento

Prodigarles oportunidades de moverse libremente, no necesariamente en deportes organizados o entrenamientos formales. Esto significa que no necesitan carritos especiales para ir al centro comercial, o clases de futbol ni de ballet a los tres años; lo que sí necesitan es salir a la naturaleza, al parque, correr, saltar, etc.

Los niños necesitan espacios abiertos sin obstrucciones. El momento favorito del hijo de una amiga era cuando ella quitaba todas las sillas de la mesa para barrer, porque entonces él podía correr alrededor!

5. Conexión con su entorno: personas amorosas y el mundo real

Los niños crecen y florecen con el amor de sus padres y cuidadores. La atención que les damos genera gran alquimia en su desarrollo. Asimismo, conocer el mundo real a través de experiencias directas genera una comprensión y conexión con éste ,y a la larga, con nosotros mismos.
En contraste, tenemos la experiencia de las pantallas. Las pantallas bloquean este estado, porque nos conectan a otra realidad, de la cual es difícil salir. De por sí, es difícil para algunos adultos controlar el tiempo que pasan con las pantallas (llámese computadora, iPad, smartphone, etc.), para los niños es un imán. Ya platicaremos de los efectos devastadores del exceso de tecnología en la mente y el alma de los niños.