La tendencia a manipular la conciencia de los niños para venderles lo que sea, es un factor importante de muchos de los problemas que enfrenta la niñez: obesidad, violencia, precocidad sexual, erosión del juego, desórdenes de la alimentación, imagen corporal, estrés familiar…
A través de los personajes de los programas, que siempre vienen acompañados de toda una variedad de productos que aparecen por todas partes y los tienen cautivos frente a una pantalla. Toma cualquier personaje, como los Minions o el Rey León y notarás que después de la película, no tardan en aparecer; la playera, los zapatos, el backpack, la lonchera, el lápiz, el disfraz, la piñata…!!
Los niños son vistos como la fuente de consumo más importante, pues los padres estarán dispuestos a dejar de comprar artículos para ellos mismos con tal de complacer a sus hijos.

El mensaje que reciben es: “No puedes tener una vida satisfactoria a menos de que compres lo que anunciamos.”

El problema es que:

  • El mensaje es malo (no estás bien a menos de que seas dueño de esto)
  • O el producto es malo (comida chatarra, juguetes de plástico o contaminantes)
A los niños se les está enseñando que NADA es SUFICIENTE y el mensaje que reciben los niños es que quienes son y lo que tienen NO es suficiente.

Los niños no son adultos miniatura

Son extremadamente vulnerables y los psicólogos y mercadólogos se aprovechan de ello…

  • A los niños les venden violencia
  • A las niñas las bombardean con su apariencia

El mensaje es: las cosas que compras te harán feliz, y lo necesitas YA. Eso es totalmente falso, pero a las grandes corporaciones les funciona ¡muy bien!

Lo peor es que los adultos que se los compran no están pensando, están sólo reaccionando, y se quedan con la gratificación instantánea con tal de que el niño los deje de molestar insistiendo en que le compren algo.

¿Cómo es que son particularmente vulnerables los niños?

Los niños muy pequeños no pueden distinguir entre un comercial y un programa. Ellos no tienen filtros de ninguna clase, y ciertamente viven en sus impulsos y deseos. De hecho, yo diría que hoy en día muchos adultos no entienden el poder de persuasión de los comerciales, incluso sobre ellos mismos, y cómo nos convencen a base de repetición, el uso de colores, sonidos, música, variedad, velocidad e imágenes sugestivas de que ESO que anuncian nos hará felices… y por lo tanto, lo necesitamos ya.

Hay psicólogos que trabajan explícitamente para explotar la vulnerabilidad de los niños.
Hay estudios sobre cómo lanzar campañas millonarias en TV o en línea para captar su atención y hacer irresistible el deseo de adquirir un producto. Los niños tienen todavía menos defensas que los adultos alrededor de este tema. Por ello, el marketing apela directamente a sus emociones y no a su inteligencia.

Los niños además, están más expuestos a la presión de sus pares. No pueden distinguir entre verdad y fantasía. Los anunciantes juegan con sus emociones, porque primero los encariñan con un personaje y luego les venden todo lo relacionado con el mismo.

Y aunado a esta presión, tenemos nuevos retos en estos tiempos…
Antes jugábamos, por ejemplo, a Peter Pan.
¿Cuál es la diferencia ahora? El acceso

Antes teníamos que esperar a que pusieran la película en el cine para ¡ir a verlo!
Hoy en día podemos ver cualquier cosa que se nos ocurra, en cualquier lugar del mundo, en cualquier momento. Los dispositivos ahora son móviles, y el acceso es inmediato. Es magnífico, sí, bien aplicado. Pero como todo, tiene un lado que debemos cuidar.

Antes teníamos que recrear aquello que queríamos en la imaginación, hoy en día basta con hacer click a un botón.

Los niños ya no necesitan ejercitar su capacidad de crear nada en su mente, porque se les da hecho, ya digerido. Y sobre todo, sin posibilidad de modificarlo, porque una vez que ven una imagen, ésta se queda como impresa tal cual en su mente. ¡Se acabó el trabajo creativo!

Los programas mismos a veces no son más que comerciales muy largos.
Veamos el caso de los videos llamados de “unboxing”, que duran entre 10 y 15 minutos, donde se ve a un pequeño hablando muy emocionado y abriendo cajas de regalos.
Este se ha convertido en todo un género en YouTube!

Estaba leyendo acerca de una pequeña de 3 años, cuyos abuelos le mostraron videos de “unboxing”, y ahora ya no la pueden llevar a ninguna parte… ¡quiere todo!

Siempre hay algo qué comprar en todas partes: una tienda en un hospital, en una gasolinera, etc. Y esas “cositas” están puestas convenientemente a la altura de los ojos de una niña o un niño de 8 años… casualmente.

No solo nos preocupa el contenido de lo que están viendo los niños, sino la manera en que los dispositivos estudian nuestro comportamiento: qué vemos, en dónde estamos, qué nos gusta, nuestros hábitos, etc., para transformarlo en marketing personalizado: si buscas algo en Amazon, al rato te siguen presentando artículos similares.

Según un estudio de Cal Berkeley del año 2018, un 57% de las apps para niños están compartiendo información con terceros: lo que les gusta, lo que están viendo, etc. Desde pequeños están siendo estudiados, no como una cuestión personal, sino para venderle más a ese sector. Y los padres somos los principales contribuyentes a esta investigación, pues les estamos regalando nuestros datos a las empresas, cada vez que usamos internet, Alexa, o el SmartPhone.

¿Qué hacer?

En algunos países existe legislación sobre el marketing dirigido a los niños. Pero por si no la hay o no se aplica como quisiéramos, nosotros tenemos que regular la exposición de nuestros hijos a estas influencias, y sobre todo, empezar a hacerlos conscientes poco a poco:

  • Establecer reglas claras. No compramos ese cereal porque no es sano para tus dientes (el azúcar genera caries).
  • No dejes a tus niños ver pantallas solos, no son nanas electrónicas. Nunca sabes lo que les están verdaderamente ofreciendo. Y como adultos, tenemos que mantenernos en estado de alerta.
  • Padres de bebés, ¡no se dejen engañar!. No hay videos educativos para esta edad. Sencillamente, no hay vídeos. Procuren guardar las pantallas al menos durante los primeros 2 o 3 años de vida. Si yo pudiera, yo las desaparecería hasta los 10 años; me refiero a que no les daría su propia pantalla.
  • Asegurarse que los niños tengan juego libre creativo. Lo cual implica jugar con juguetes que no estén relacionados con personajes de TV.
  • Padres: observen su propio comportamiento frente a las pantallas. No es que no las usemos, pero seamos realistas y cuidemos que no nos estemos haciendo adictos a ellas. Recuerda que los niños aprenden imitando.
  • Cuidado con las cosas baratas o regaladas en la compra de algún producto. Como un plato o vaso de plástico que viene con la caja de cereal, pues tienden a venir con personajes de TV y a invitarte a hacer la colección entera; otra vez, marketing dirigido a los niños.

Pero, entonces ¿tenemos que mudarnos al bosque?

No, pero siguiendo la pauta de estas ideas, formulamos nuestras reglas.
¡Y las hacemos cumplir!

Si, por ejemplo, ya estableciste la regla: “Si vamos al cine no voy a comprar refrescos ni comida chatarra, ni juguetes de la película”, no permitas la costumbre de los niños de insistir e insistir. ¡Permanece firme!

Los niños pareciera que tienen un mecanismo para entender que si insisten y hacen berrinche, vas a darte por vencido. Me ha dado mucho gusto conocer últimamente a padres que tienen una presencia amorosa y fuerte a la vez, en donde sus hijos saben que cuando papá habla, “lo dice en serio”, y no hay discusiones. Hoy en día, ver este comportamiento es motivo de sorpresa y asombro, ¡cuando debería ser la norma!

¿Por qué hoy en día les tenemos miedo a los hijos?

Porque se ha hablado de no ser autoritarios, de no “traumarlos”. Pero hay una diferencia muy grande entre ser un autoritario sin discernimiento y ser un padre que toma las riendas.

Le tememos a ser llamados “autoritarios”. Pero lo que los niños buscan y necesitan es eso: una autoridad bienamada. Esta es la actitud en la primera infancia: yo digo lo que se hace (claro que estás pendiente de sus gustos y deseos, pero no le pides su opinión cada 5 minutos) porque soy el adulto y sé lo que hay que hacer.
Esta postura debe cambiar con la edad de tus hijos, haciéndose cada vez más de acompañamiento, de decisiones en conjunto, conforme crecen. Pero en el primer septenio (de 0 a 7 años), es nuestro deber como padres tomar decisiones por ellos, justo para no confundirlos y no convertirlos más tarde en adultos indecisos.

Protégelos de la influencia que otros quieren ejercer sobre tus hijos, mediante el uso indebido del marketing.
Por su bien, ¡toma las riendas!