No deja de sorprenderme este paradigma de SIMPLIFICAR. Es todo un arte que nos obliga a ir a la esencia, que nos hace contemplar en el por qué y cómo, y estas importantes reflexiones se pueden aplicar a todas las áreas de la vida. Por supuesto que la comida y la nutrición no se escapan, y siendo otra de mis áreas de profundo interés, acá les comparto esto.
Por lo general, con esta vida moderna, tendemos a comer demasiado, demasiado rápido, con demasiada prisa; o bien estamos demasiado cansadas para cocinar… o estamos demasiado lejos de casa… o hace demasiado calor y se antoja “una chatarrita”…
Pero he ahí la trampa; cuando los niños o nosotros estamos agobiados es cuando más fácilmente caemos en la tentación de la comida rápida…

Y esta sensación de agobio puede ser la base de malos hábitos y gustos con la comida; luego es muy difícil erradicarlos de las papilas gustativas de los niños.

El problema es la tremenda influencia que pueden tener los medios sobre los gustos y preferencias de los niños.. Pero no solo eso, una vez que los niños “caen” y prueban, ya estarán enganchados: estos alimentos están diseñados expresamente para crear gusto y adicción por ellos. ¿Alguien recuerda de casualidad ese slogan de “A que no puedes comer sólo una”?

El problema es que además de ser terribles para la salud, engañan y modifican el gusto de tus hijos. Ya no es posible que algo natural sepa “rico”, ahora necesitan el alto estímulo de todos esos aditivos.
¿Cómo puede competir una zanahoria contra los Doritos Dinamita?
¡Ahora entendemos por qué nada les gusta…!
Esto aunado al hecho de que la comida convencional está perdiendo cada vez más su sabor… Eso es tema del uso y abuso que como humanidad estamos haciendo de la tierra.
Los efectos de estos aditivos, azúcares, químicos y toxinas no son despreciables; se sabe que pueden causar temas de:
  • Hiperactividad
  • Agresión
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Ganancia de peso excesivo
  • Problemas de aprendizaje y de
  • concentración
  • Problemas gastrointestinales
  • Inflamación crónica
  • Dolores de cabeza
  • hasta cáncer.
La comida rápida es conveniente, por eso una solución es, por un lado, prever lo que vamos a necesitar (¿tiempo fuera de la casa? Lleva un par de manzanas extra) y por otro, encontrar alternativas fuera.

Digamos que de pronto te ves en una carretera remota, y tú y tu familia están acalorados, muertos de hambre, y paras en la tiendita de la gasolinera.

¿Qué se hace?

  • En lugar de FRITOS o CHEETOS, elige cacahuates, nueces, pepitas de calabaza o amaranto.
  • En vez de bebidas super dulces, elige agua
  • En vez de electrolitos comerciales, elige agua de coco
¡No te dejes engañar!
Aprende a leer etiquetas
Pastillas, gomitas, chicles, barras de energía baratas, sopas instantáneas… todo es procesado, y contienen altas proporciones de alguno o varios de los siguientes ingredientes:
  • Colores: tartrazina o amarillo 5; Allura, o rojo 40; azul brillante FCF, etc.
  • Saborizantes artificiales, glutamato monosódico (OJO)
Pero recordemos que la comida está hecha para nutrir, no para entretener.

Recordemos que las mismas cantidades de toxinas que entran en un cuerpo adulto no tienen el mismo efecto que si entran en el pequeño cuerpo de un niño… obviamente, ¡las proporciones y las concentraciones cambian muchísimo!
El efecto del veneno está en la dosis.

¡Todo esto se agrega a la comida procesada, volviéndose a veces más químico que comida! Y todo es con un único fin; vender más, hacerte adicto, dependiente y leal a la marca.

¿Qué podemos hacer?

  • Infórmate, aprende a leer etiquetas
  • Revisa qué tanto comen de comida saludable…Si no es suficiente, no elimines de tajo la comida chatarra, pero ve aumentando la saludable. Primero les das un plátano (o dos) y luego si siguen con antojo, les das el pastelillo (Gansito, etc.). Esta técnica se llama “crowd out”, y se refiere a primero saciar el antojo de algo dulce con un dulce natural, y luego, cuando ya no tienes hambre o antojo, ya no querrás tanto comer el “pecado”.
  • Simplifica las opciones y la complejidad, limita las decisiones de comida; no les preguntes qué quiere cada quien desayunar, qué quiere cada quien cenar
  • Limita también los sabores intensos y los ingredientes extraños (me refiero a la comida procesada). Tira ese consomé de pollo en polvo. Busca sustitutos más sanos de todo lo que venga empacado, procesado.
  • Endulza con azúcar morena o con miel; no uses azúcar blanca, ni jarabe de maíz, y por supuesto no uses edulcorantes “bajos en calorías” (que son nefastos), excepto eritritol y estevia (para los adultos).
  • Busca tiendas y marcas que manejen productos naturales; compra en mercadillos sustentables, de ser posible directamente de productores orgánicos. También sé consciente de los tóxicos en productos de cuidado personal y de limpieza de la casa
  • ¡Cocina en casa! Sé creativa con las verduras: inventa chips de berza (kale), de calabacita; haz zanahorias “a la francesa”.
No necesitamos ser dogmáticos ni exagerados; si de pronto estamos ante una situación de fuerza mayor, ¡no pasa nada! A veces puede ser contraproducente ser inflexibles.

Pero tu mejor medida será qué tanto pueden tus hijos discernir qué les hace bien y qué les hace mal, para que ellos puedan autorregularse lo más pronto posible, por convicción propia, no sólo “porque lo dijo Mamá”.

Como dice Michael Pollan, conocido autor y periodista dedicado a la salud y los alimentos:
Si creció en una planta, cómelo
Si lo hicieron en una planta, mejor no.